Wolf Messing, que se dedicaba a adivinar el pensamiento en los teatros, tuvo que huir de Polonia hacia la Unión Soviética para salvar la vida, durante la segunda Guerra Mundial. Estaba en peligro no sólo por ser judío, sino también porque había pronosticado que Hitler perecería si "atacaba al Este" El dictador alemán, que creía en las predicciones, puso precio a su cabeza. En la URSS, Messing tuvo que afrontar el desafío de otro dictador cuando Josif Stalin le preparó una prueba. No fue una prueba fácil. Messing debía entrar sin pase en la casa de campo de Stalin, un lugar lleno de guardias y policía secreta. Un día, cuando Stalin estaba trabajando en el despacho de su casa de campo, un hombre avanzó con toda frialdad por los jardines y entró en el edificio. Los guardias y los criados le abrieron paso con gran respeto. Llegó hasta la puerta del estudio y, cuando el dictador alzó la mirada, se sorprendió en grado sumo. ¡Era Messing! La explicación que ofreció ese hombre dotado de poderes psíquicos fue la siguiente: por sugestión mental había logrado que los guardias creyeran que se trataba de Laurenti Beria, el temido jefe de la policía secreta. Tan fuertes eran sus poderes que, incluso sin parecerse físicamente a Beria, los guardias tuvieron el convencimiento de que lo era.viernes, 15 de febrero de 2013
WOLF MESSING
Wolf Messing, que se dedicaba a adivinar el pensamiento en los teatros, tuvo que huir de Polonia hacia la Unión Soviética para salvar la vida, durante la segunda Guerra Mundial. Estaba en peligro no sólo por ser judío, sino también porque había pronosticado que Hitler perecería si "atacaba al Este" El dictador alemán, que creía en las predicciones, puso precio a su cabeza. En la URSS, Messing tuvo que afrontar el desafío de otro dictador cuando Josif Stalin le preparó una prueba. No fue una prueba fácil. Messing debía entrar sin pase en la casa de campo de Stalin, un lugar lleno de guardias y policía secreta. Un día, cuando Stalin estaba trabajando en el despacho de su casa de campo, un hombre avanzó con toda frialdad por los jardines y entró en el edificio. Los guardias y los criados le abrieron paso con gran respeto. Llegó hasta la puerta del estudio y, cuando el dictador alzó la mirada, se sorprendió en grado sumo. ¡Era Messing! La explicación que ofreció ese hombre dotado de poderes psíquicos fue la siguiente: por sugestión mental había logrado que los guardias creyeran que se trataba de Laurenti Beria, el temido jefe de la policía secreta. Tan fuertes eran sus poderes que, incluso sin parecerse físicamente a Beria, los guardias tuvieron el convencimiento de que lo era.
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