Muy pocos negaríamos de plano que el universo es un lugar más extraño que el explicado por las leyes naturales generalmente aceptadas. Cuando descubrimos que ciertas personas parecen tener raros poderes que, por lo visto, les permiten ignorar las leyes físicas comunes a las cuales se halla sujeto el resto de los seres humanos, también preferimos olvidarnos de ello, pues carecemos de una explicación fácil. Esas cosas nos complican la vida y son una sutil amenaza para nuestro propio sentido de la seguridad dentro de un mundo conocido. Cuando pensamos en ellas buscamos el truco.URI Geller, el israelí dotado de poderes psíquicos. Su capacidad, tan discutida, de dominio mental sobre la materia ha hecho que se convierta en centro de controversia y especulaciones científicas.

"Me pidió que intentara transmitirle lo que había dibujado"
Uno de los métodos favoritos de Geller para demostrar su facultad de leer el pensamiento consiste en reproducir un dibujo sencillo, que alguien, a quien Geller no puede ver, traza y guarda, por lo general, en un sobre sellado. En la fotografía, un joven que se presta al experimento, situado en una habitación contigua a la ocupada por Geller, realiza el dibujo de una silla.
La decepción, la prueba de que todo es como nos gustaría que fuera, para que pudiéramos volver, sin temor, a despreocuparnos. Pero esas facultades extrañas nos tiran de la manga, nos susurran cosas al oído. A lo largo de la historia conocida, la humanidad se ha sentido atraída y amenazada por estas dotes inexplicables. En nuestra historia más reciente hemos llevado a cabo pruebas y formulado explicaciones sofisticadas... y, de repente, nos llega un joven israelí que detiene los relojes y dobla cucharas: logros triviales en sí, pero ¿cómo los explicaríamos?
Conocí a URi Geller, una mañana del verano de 1974, en la oficina londinense de un magnate de los negocios. Se había preparado el encuentro pensando en mi participación en una película sobre la vida de Geller. La secretaria me hizo pasar a una oficina interior , un joven de buena presencia y aspecto bastante normal, parecía estar algo nervioso o preocupado. Charlamos brevemente y luego salimos los tres a almorzar a un restaurante próximo. Nos sentamos a la mesa, en un rincón, la secretaria y yo juntos, y URi frente a nosotros y de espaldas a la sala. Cuando habíamos pedido la comida nos ofreció una demostración de sus poderes, pero dijo: "No sé si resultará. A veces no sale."
Empezamos con un experimento de telepatía (transmisión de pensamientos por un medio distinto de los cinco sentidos). URi me alargó la carta del restaurante, que estaba en la mesa, y volviéndose de espaldas me pidió que dibujase algo en la cara en la que no había nada escrito. Tracé el esbozo de un muñeco que había inventado hacía algún tiempo para entretener a mis hijos. Me tomó sólo unos segundos, puesto que lo había dibujado a menudo en ocasiones anteriores. Observé a URi mientras lo hacía. Miraba distraídamente por el restaurante y no pudo verme sin que la secretaria a mi lado se diera cuenta. Cuando acabé, me rogó que tapara el dibujo con la mano. A continuación se volvió de nuevo hacia la mesa y tomó otra carta. Me pidió que me concentrase a fondo y que intentara transmitirle el pensamiento de lo que había dibujado. Pasó un minuto. Nada. URi sacudió su cabeza "Parece muy complicado: ¿es una especie de ameba?" Despacio y con vacilaciones empezó a dibujar la oreja del muñeco, el lugar por el que siempre empezaba yo mi dibujo. "Lo ha conseguido —le dije—. ¡Siga!" Acabó el dibujo con gran rapidez. Yo había redibujado la imagen en mi mente para transmitírsela, lo cual quizás explica que empezáramos el dibujo por el mismo punto. Luego URi demostró otros poderes. Hizo que una cuchara del restaurante se doblara acariciándola suavemente. Logró que las manecillas de mi reloj retrocediesen un par de horas y que el mecanismo del calendario avanzara dos días con frotar sólo una moneda situada sobre su cara, explicando más tarde que su poder se deriva del metal. Tuvo algunos problemas al intentar doblar mi llave de la American Automobile Association. Afirmó que lo ideal era que la llave tuviera más vínculos personales. Sin embargo, la colocó contra un radiador metálico y, al cabo de unos segundos, dijo: "Ya empieza a doblarse" La llave se partió en dos. Para terminar intentó transmitirme una imagen por vía telepática. Procuré que mi mente fuera receptiva, pero no me llegó imagen alguna. Me limité a dibujar lo primero que se me ocurrió: un signo empleado para indicar que un documento ha sido revisado. URi me mostró el pedazo de papel que tenía guardado. En él figuraba el signo que yo había dibujado como visto en un espejo. Para explicar esta inversión podría ser significativo el hecho de que URi es zurdo. Después de separarme de Geller comencé a analizar mis impresiones. Tan sólo un día antes, un científico muy escéptico me había aconsejado que observara atentamente si URi usaba trucos de ilusionismo, en especial considerando que había sido con anterioridad un prestidigitador teatral. Tuve que admitir que la mayor parte de las cosas que había hecho podían haber sido trucos. Por ejemplo, lo de partir la llave con sus dedos y alterar las manecillas y la fecha de mi reloj podía formar parte de la habilidad de un prestidigitador muy diestro. Pero ¿cómo podía haberse inventado el dibujo de lo que yo había trazado? Y si esto se debía a unos verdaderos poderes telepáticos, las otras demostraciones también podían ser auténticas. Un par de meses más tarde, Ted Bastin, un físico cuántico, y yo aparecimos en un debate televisivo acerca de los poderes paranormales, un tema en el que Ted es claramente escéptico. Sin embargo, cuando mencioné a URi Geller, Ted me contó que había llevado a cabo extensas pruebas con él y que estaba convencido de que URi era sincero. Unos días más tarde me llamó por teléfono para notificarme que URi había llevado a cabo una hazaña espectacular en su laboratorio. Había desma-terializado la mitad de una piedra de cuarzo sellada dentro de un recipiente metálico. Si aceptamos que URi Geller goza de poderes extraordinarios, ¿de dónde provienen? Creo que la respuesta hay que buscarla en el subconsciente. En los últimos tiempos, los psicólogos han llegado a la conclusión de que los poltergeists (fantasmas o espíritus ruidosos o que hacen saltar objetos) se originan en la subconsciencia de adolescentes que se han visto alterados de modo considerable por los problemas de su edad. Por otra parte, algunos investigadores creen que los poltergeists tienen una existencia independiente (es decir, que son fantasmas verdaderos), pero que precisan tomar energía de los adolescentes perturbados, antes de llegar a mostrarse activos. Sea cual fuere la verdad, parece probable que el subconsciente genera la energía necesaria para que objetos pesados se levanten y vuelen por una habitación o para que las puertas se abran y se cierren. Si es así, cabe suponer que la energía que dobla las cucharas y pone en marcha los relojes que no funcionan se origine en el activo subconsciente de URI Geller.
Izquierda: el mango partido de una cuchara que, según parece, Geller dobló. Los escépticos sugieren que se trata sólo de un prestidigitador muy hábil que puede, con gran destreza, reemplazar por una cuchara doblada de antemano (o un tenedor, una llave, un clavo o lo que sea) el objeto con el que inició su demostración. Resulta difícil para cualquier observador seguir la pista de los objetos en un momento dado, puesto que Geller dice trabajar mejor en un estado de "confusión galopante" pasando de un experimento a otro con rapidez, fracasando a veces y luego, en un instante, alcanzando el éxito. 
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